sábado, 24 de abril de 2010

El verdadero sabio.-



















Los labios de la sabiduría permanecen cerrados, excepto para el oído capaz de comprender.




Donde quiera que estén las huellas del Maestro se abren de par en par los oidos del que está presto para recibir sus enseñanzas.


Cuándo el oído es capaz de oír, entonces vienen los labios que han de llenarlos con sabiduría.

Los principios de la Verdad son siete y el que los comprende posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par:

1. El todo es Mente; el universo es mental.

2. Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba.

3. Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra.

4. Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse.

5. Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación.

6. Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley.

7. La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos.


- La mente, así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración.

La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental.

Más allá del cosmos, del tiempo, del espacio, de todo cuánto se mueve y cambia, se encuentra la realidad sustancial, la verdad fundamental.

Lo que constituye la verdad fundamental, la realidad sustancial está más allá de toda denominación, el sabio lo llama el todo.

En su esencia, el todo es incognoscible.

El sabio a medias, reconociendo la irrealidad relativa del Universo, se imagina que puede desafiar sus leyes, ése no es más que un tonto vano y presuntuoso, que se estrellará contra las rocas y será aplastado por los elementos, en razón de su locura.


El verdadero sabio conociendo la naturaleza del universo, emplea la Ley contra las leyes: las superiores contra las inferiores, y por medio de la alquimia transmuta lo que no es deseable, en lo valioso y de esta manera triunfa.


La maestría consiste, no en sueños anormales, visiones o imágenes fantasmagóricas, sino en el sabio empleo de las fuerzas superiores contra las inferiores vibrando en los más elevados.

La transmutación (no la negación presuntuosa), es el arma del Maestro.

Si bien es cierto que todo está en el TODO, no lo es menos que el TODO está en todas las cosas. El que comprende esto debidamente, ha adquirido gran conocimiento.

Nada reposa; todo se mueve; todo vibra.

La posesión del conocimiento, si no va acompañada por una manifestación y expresión en la práctica y en la obra, es lo mismo que el enterrar metales preciosos: una cosa vana e inútil.

El conocimiento, lo mismo que la fortuna, deben emplearse. La ley del uso es universal, y el que la viola sufre por haberse puesto en conflicto con las fuerzas naturales.

Para cambiar vuestra característica o estado mental, cambiad vuestra vibración.

Para destruir un grado de vibración no deseable, póngase en operación el principio de polaridad y concéntrese a la atención en le polo opuesto al que se desea suprimir. Lo no deseable se mata cambiando su polaridad.

La mente, así como los metales y los elementos, puede transmutarse de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración.

El ritmo puede neutralizarse mediante el arte de la polarización.

Nada escapa al principio de causa y efecto, pero hay muchos planos de causalidad y uno puede emplear las leyes del plano superior para dominar a las del inferior.

El sabio se sumerge en la Ley, y comprendiendo sus movimientos, opera en ella en vez de ser su ciego esclavo.

Aquél que esto comprenda va en el buen camino que conduce a la Maestría.



EL KYBALIONE

Hermes Trismegisto