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sábado, 2 de octubre de 2010

El silencio sanador.-



Desde hace mucho tiempo, los profesionales de la Medicina han reconocido que el silencio desempeña una importante función en la sanación.

El reposo en cama, por citar sólo un ejemplo, es la receta normal para tratar cualquier enfermedad, desde un resfriado común hasta un infarto de miocardio.

Cuánto más enferma esté una persona, más insistirá el médico en que ésta permanezca en silencio y en que descanse.

Pero, a pesar de esta apreciación ya antigua del valor del silencio, hasta hace muy poco tiempo investigadores y terapeutas, médicos y psicólogos, prestaban escasa atención a los estados de silencio interior. En mi opinión, la cualidad atemporal del silencio es tan importante que podríamos considerarla como uno de los denominadores comunes de la sanación conseguida.

Son muchas las razones por las que en nuestra cultura occidental se ha dejado a un lado el silencio.

Quizás la mayor de estas razones sea nuestra creencia de que una persona que triunfa es un individuo dinámico, que trabaja mucho, disfruta plenamente de la vida y puede soportar la presión y la tensión de una existencia acelerada.

Para mucha gente, la tranquilidad interior sugiere una falta de impulso, una personalidad aburrida, y una incapacidad para competir. La pasión, el gozo y el resto de emociones que hacen vibrar la vida son vistas como antitéticas del silencio interior.

Este prejuicio en contra del silencio interior es un grave error. Para apreciar que el silencio interior puede fortalecer la sanación total y el bienestar, debemos atender al concepto de estrés. Aunque a menudo este término suele usarse bastante a la ligera, posee un significado científico concreto. Un profesional médico lo ha definido como “la respuesta no específica del cuerpo ante cualquier demanda”. Entre los cambios corporales que acompañan al estrés se incluyen la tensión muscular, el aumento del ritmo cardíaco, la respiración acelerada, el sudor y la ansiedad.

El silencio provoca profundos efectos sobre el cuerpo y la mente.

Uno experimenta un estado de descanso profundo, marcado por la disminución de las pulsaciones, del consumo de oxígeno, la transpiración, la tensión muscular, la presión sanguínea y los niveles de las hormonas del estrés.

Logra también un estado de mayor claridad mental y de tranquilidad emocional.

Mientras que el estrés absorbe la vitalidad, el silencio la restablece. Mientras que el estrés disminuye la resistencia a la enfermedad, el silencio la potencia.

Los cambios fisiológicos que neutralizan los efectos del estrés afectan también a la salud emocional. El silencio interior reduce la ansiedad, la tensión, la irritabilidad, la fatiga crónica y la depresión. Los sentimientos positivos que acompañan a tal reducción favorecen notablemente el desarrollo de la personalidad. Aumenta la propia estimación, crece la sociabilidad, y las dudas y las inseguridades se desvanecen.

El silencio interior es decisivo para la salud.

Los períodos de soledad son esenciales para que una persona altamente creativa y que ha alcanzado sus objetivos goce de continua vitalidad.

Los estudios muestran que, casi invariablemente, tales personas sacan tiempo de su apretadísima agenda para dedicarlo a la soledad silenciosa. En este silencio interior y profundo, la psique puede sanarse a sí misma silenciosamente y de forma natural, sin tener que verbalizar o examinar traumas emocionales sepultados hace mucho.

Desde hace bastante tiempo, en numerosas culturas se ha reconocido que el cultivo del silencio es la piedra angular del crecimiento espiritual.

Al fin y al cabo, la meditación se ha ido transmitiendo desde hace miles de años, primordialmente no como una forma de mejorar la salud, sino como un instrumento para elevar el desarrollo espiritual y la consciencia. Una vez sumergido profundamente en la meditación, el silencio interior puede ser tan grande, que uno puede acceder a un estado de consciencia más amplio, reconociendo el ‘yo’ más hondo como distinto del cuerpo, la mente y los sentimientos. Esta experiencia es plenamente gratificante y produce efectos positivos y duraderos.

Existen muchos factores importantes en el proceso de la sanación. Sin embargo, no puedo pensar en ningún aspecto más importante que la cualidad del silencio interior. A medida que vaya siendo más numeroso el conjunto de terapeutas de todo tipo capaces de percibir este poderoso estado, irán dándose valiosos pasos en la ciencia de la sanación.

(Artículo publicado en el Templo de la Luz interior. Iinspirado en los escritos y trabajos de Harold Bloomfield, autor entre otras obras de ‘How to Enjoy the Love of Your Life’ y ‘Discovering Inner Energy and Overcoming Stress’).





martes, 21 de septiembre de 2010

Aloe vera y cura del cáncer.-



PODER CURATIVO DEL ALOE (SÁBILA) PARA EL CÁNCER


Lo que van a leer a continuación, salió publicado en el periódico Listín Diario, de Santo Domingo.


Este remedio se le debe a un Fraile Franciscano, que lo llaman, en Belén (Brasil), Fray Romano, de origen brasileño. Actual maestro del seminario de Belén. Su fama a través de toda Judea, se va extendiendo y como él expresa:


Yo curo el cáncer y cualquier persona puede hacerlo, sin hacer milagros, simplemente aplicando los productos que produce la madre naturaleza.


Antes de darles la receta, quiero decirles que existen experiencias personales sobre la bendita receta. Son muchas las personas que dicen haberse curado, y otras muchas que recomiendan ésta receta, que se hace circular por correo.

Otros muchos naturópatas aseguran tener conocimiento de varias personas que se han curado, después de beber el brebaje, a las cuales les daban menos de un mes de vida, por el padecimiento de diferentes tipos de cánceres terminales.

Luego del conocimiento de las virtudes de este medicamento totalmente natural, lo han hecho circular, para que cualquier persona que tenga un amigo, pariente relacionado con esta terrible enfermedad prepare la receta y se lo de a tomar. Y aseguran el resultado a la semana de estar tomándolo.


Ingredientes:

–350/400 gramos de hojas de Aloe vera / Sábila (dos hojas grandes o tres medianas),

–Medio kilo o un litro de miel pura de abejas.



–40-50 ml (unas 6 cucharadas) de destilado (aguardiente, coñac, whisky, etc., que se usa como vasodilatador).



Preparación:

“Se eliminan las espinas de los bordes de las hojas y el polvo depositado en ellas, utilizando un trapo seco o una esponja. Después se cortan en trozos las hojas (sin quitar la corteza) y se meten en la licuadora junto a la miel y al destilado elegido. Se bate bien y el preparado está listo para su consumo. No hay que filtrarlo, ni cocerlo, sino sólo conservarlo con cuidado en el refrigerador dentro de un envase oscuro, bien cerrado”.

Dosis:


El Padre Zago recomienda la ingestión de una cucharada sopera media hora antes de cada una de las tres comidas principales. Se debe agitar bien el producto antes del uso.

Una vez terminado el primer frasco, se recomienda someterse a una visita médica para comprobar el estado de la enfermedad. Según sea el parecer del facultativo, después de una pausa de varios días, se puede repetir el ciclo del tratamiento, hasta la eliminación del mal.

Debe utilizarse una planta madura de aloe, es decir de al menos cuatro años, y es importante que la miel sea también de óptima calidad y sobre todo natural, precisamente a causa de su carácter de “portadora” de las sustancias benéficas contenidas en el aloe.


La persona que toma la bebida a base de aloe puede experimentar erupciones cutáneas, o diarrea o en los casos más acentuados, conatos de vómito: pero, según el Padre Romano, ello indica que se va por el buen camino, y que los esfuerzos realizados comienzan a dar sus frutos.

Se desaconseja su uso a las embarazadas.


- ¿Quién es el Padre Romano?



Romano Zago, de ascendencia italiana, nace el 11 de abril del 1932 en Brasil, en el municipio de Progreso. Se hace novicio en 1952 y luego se ordena como sacerdote en la Orden de los Frailes Menores. En 1971 consigue también el título de licenciado en Letras y enseña Francés, Español, Portugués y Latín en diversos centros pertenecientes a su Orden.

En 1991 es enviado a Israel, donde continúa su labor de enseñanza a los jóvenes. Actualmente vive y trabaja en Brasil, a donde regresó al término de su misión.


Es en Israel donde el Padre Romano realiza su descubrimiento.

El Aloe vera, o Sábila, muy abundante en la región, es la "materia prima" en la que concentra su atención en los momentos de ocio. "Ya conocía la planta –declarará después el religioso–. En Brasil, mi madre nos la daba siempre como lenitivo, cuando de niños nos heríamos mientras jugábamos o para tantos otros pequeños percances relacionados con daños físicos. Pero entonces no creía que una planta tan menuda y difundida pudiese tener un poder curativo tan grande".


Mezclando el jugo que se obtiene al batir las hojas de la planta con simple miel de abejas y aguardiente, se consigue un compuesto con unas propiedades curativas extraordinarias. Sus primeros "pacientes", a quienes el Padre Romano da algunas dosis de la solución, son sus conciudadanos cristianos, hebreos, y musulmanes, indistintamente.


La investigación del Padre Romano Zago se publica en la conocida revista "Tierra Santa" y en otras importantes publicaciones especializadas.

Así comienza la notoriedad para el monje franciscano y su elixir de larga vida. A su regreso a Brasil en 1995, el Padre Romano Zago divulga su fórmula, y empieza a dedicarse de forma continua a sus experimentaciones y al cuidado de los enfermos más graves y desesperados. Convencido por las numerosas curaciones asombrosas, recoge su experiencia en el libro “O cancer tem cura” (“Di cancro si può guarire” - “Es posible sanar del cáncer”, edición italiana por Adle ediziones, Padua), en el cual el Padre Romano expone con sencillez y claridad la práctica de la cura de la “enfermedad del siglo” a través de su bebida extraída del Aloe. “Si algunos se han curado valiéndose de este método simple y económico, ¿porqué no darles la misma oportunidad a más personas? Este es mi único objetivo”, explica en su libro.

-De acuerdo con el Instituto de Investigación de la Sábila, con sede en California, las propiedades curativas de la planta se deben a la complejidad de sus elementos constitutivos, que le permiten operar como antibiótico, coagulante, agente contra el dolor e inhibidor en la formación de cicatrices.

Gene Hane, del Consejo Científico Internacional de la Sábila, dijo a EFE que esto se debe a que la sábila "tiene cerca de 200 elementos constitutivos que trabajan en forma conjunta produciendo numerosos efectos benéficos difíciles de contabilizar", entre ellos aminoácidos, esteroles (un subgrupo lípido de los esteroides que actúa como la cortisona apara combatir la inflamación), y el ácido salicílico, similar a la aspirina.

"Los egipcios, probablemente los primeros en utilizarla, la incluyeron como elemento para embalsamar a sus nobles, con registros sobre su uso en el año 1500 A.C. En EEUU, su comercialización intensiva tiene solo cerca de 20 años. El público aún necesita educarse sobre sus beneficios", consideró Rodríguez.

Mientras los griegos la utilizaron para contrarrestar la pérdida de cabello, el historiador romano Plinio el Viejo la recomendó como desodorante, y fue utilizada como parte de los ingredientes, de acuerdo con la Biblia, para embalsamar a Cristo (Juan 19:39).

BIBLIOGRAFÍA : “ Aloe Vera “ N. Stevens. Si. Ptas. 1.600 .-// “Aloe-Sábila. Manual práctico y clínico “ . P. Crea.

http://www.ecoaldea.com/articulos/aloe_cancer.htm

http://yerbasana.cl/?a=531

www.visionchamanica.com

Otras fuentes y publicaciones